Uno de los primeros posts de este blog trataba sobre los suelos áridos del desierto. A nadie se le escapa el hecho de que los suelos arenosos no son exclusivos de aquellos inhóspitos parajes, ya que quien más y quien menos ha ido alguna vez a la playa. Sin embargo, lo que no es habitual en todos los lugares costeros de turismo playero es la formación de dunas, tan habitual en los paisajes desérticos. Dependiendo del relieve y la acción del mar en el litoral, hay lugares en los que se forman dunas de arena a pie de playa. Algunas incluso son un espacio protegido, como las Dunas de Corralejo en la isla de Fuerteventura.
En este post os traigo un vídeo de 2015 sobre las dunas litorales en el suroeste de Francia: Paseando por las dunas de Aquitania.
En todo este tema del cambio climático se habla mucho de las emisiones de carbono que lanzamos a la atmósfera, pero ¿qué ocurre con las emisiones que estamos impidiendo que se produzcan?
Como ya expuse en un post anterior, el suelo respira. Existe un intercambio gaseoso entre suelo y atmósfera. La acción del hombre no solo produce cosas que emiten gases, sino que también está cortando las emisiones que de forma natural el suelo lanza a la atmósfera al cubrir millones de hectáreas de terreno en todo el planeta con asfalto y hormigón. Lo que veo es que los medios de comunicación nos bombardean con el tema de las emisiones de carbono que emitimos con los medios de transporte, las fábricas, el gasto energético de luz, calefacción, etcétera, pero no he visto que se tenga en cuenta el intercambio gaseoso entre suelo y atmósfera como un factor más a tener en cuenta para ayudar a estabilizar la atmósfera y considero que sería interesante hacerlo.
¿Qué opinan de esto? ¿Alguien sabe si existe ya algo sobre esto que no salga en los medios de comunicación masivos?
Un caso que me llamó mucho la atención cuando estudiaba era el de los Histosoles . Si en el artículo anterior veíamos los suelos más secos y deforestados que hay, ahora nos vamos al extremo opuesto, suelos con mucha materia orgánica y saturados de agua.
El prefijo histos- significa tejido. Son suelos orgánicos de altísimo contenido en carbono, también conocidos como turberas. Se caracterizan por tener un horizonte de materia orgánica formado por musgos del género Sphagnum, que es lo que forma la turba, el carbón en su estadío más primario de desarrollo. Las bacterias anaerobias degradan la materia orgánica y provocan la mineralización de la misma formando carbón, el cual recibe distintas denominaciones según la fase de desarrollo en que se encuentre: turba, lignito, hulla y antracita.
El caso que nos ocupa es el de la turba, que en base al grado de descomposición en que se encuentre la materia orgánica podemos distinguir tres tipos: fibrist, hemist y saprist, en orden de menor a mayor alteración. Las bajas temperaturas y la acidez del suelo son factores clave que ralentizan el proceso de degradación. El sustrato también es importante, ya que no es lo mismo descomponer fibras de pinos que de gramíneas o eucaliptos, helechos, etc. Según la vegetación del lugar habrá distintos tipos de fibras vegetales y por consiguiente su descomposición dará lugar a turbas distintas y también a tiempos diferentes de duración del proceso.
El efecto que se produce cuando se camina por las turberas, es el de una superficie mullida y encharcada, ya que a cada paso que se da sale agua del suelo, como cuando tenemos una esponja empapada y la apretamos para escurrirla. Son propios de áreas geográficas muy húmedas, en zonas de pantanos y lagunas.
Este artículo se complementa con el siguiente reportaje:
- “¿Qué es, comandante Lawrence, lo que tanto le atrae del desierto?
- Está limpio.”
Así de claro se expresaba Peter O’Toole en Lawrence de Arabia, la superproducción épica de David Lean de 1962, y no le faltaba razón, está todo tan limpio que no hay casi nada. Estos paisajes son muy inhóspitos, vastas extensiones de terreno donde apenas hay vida, ni animal ni vegetal, a excepción claro está, de los oasis, en los que hay agua y por tanto las plantas crecen, los animales abrevan y los humanos beben.
Pero volvamos al desierto puro y duro, fuera del oasis. A nadie se le escapa el hecho de que hay mucha arena, hace mucho calor, llueve poco, todo está muy seco y no hay de donde sacar agua. Estas observaciones que se pueden hacer con un mínimo de sentido común, llevadas al ámbito de la edafología se convierten en parámetros importantes para el estudio de la formación de suelos en estos lugares.
Las arenas son granos de material más o menos grueso y esto hace que la estructura del suelo no sea muy compacta, sino más bien suelta. Esto se traduce en que queda mucho espacio entre las partículas y que por tanto el agua que cae en la superficie del suelo se puede filtrar rápidamente a estratos más profundos. Esta estructura también hace difícil físicamente el enraizamiento de las plantas, que sumado a que el agua no esté disponible cerca del horizonte superficial explica la escasez de vegetación. Sólo determinadas plantas, como por ejemplo los cactus, que han desarrollado mecanismos fisiológicos adaptados al entorno pueden dejarse ver en estos paisajes.
Por otra parte la combinación de escasas lluvias y altas temperaturas tienen como consecuencia el hecho de que la evaporación es muy alta y la erosión hídrica muy fuerte debido a que el agua cae con mucha fuerza sobre un material muy seco. Esto trae consigo por un lado que se retenga poca agua y que abunden las sales, que quedan precipitadas al evaporarse el agua.
Según distintas zonas se pueden encontrar diferentes tipos de suelos, pero sin duda el más típico de los parajes desérticos es el Aridisol, denominación según el sistema de clasificación de la Soil Taxonomy (USDA). Se trata de un suelo con un horizonte superficial de escasísima vegetación, muy pobre en materia orgánica y de textura arenosa, lo cual implica, como hemos visto, una gran permeabilidad y capacidad de drenaje. Teniendo en cuenta que el clima de estas zonas se caracteriza por escasas precipitaciones, si además lo poco que llueve el suelo apenas lo retiene, se explica así la escasez de agua en estos entornos.
Se complementa este artículo con el corto documental Los secretos de las arenas, sobre el desierto de Atacama, al norte de Chile, que se puede ver a continuación.
Alguno se puede preguntar el por qué del título de este blog. En Edafología los horizontes son cada una de las capas de sustrato que forman un perfil. Visualmente se distinguen unos de otros por el color y la textura. En función de estos parámetros de campo, y otros medidos en laboratorio, se definen distintos tipos de horizontes, como iremos viendo poco a poco. A su vez la combinación de los distintos horizontes forma diferentes perfiles y esto nos permite clasificar los suelos.
Creo que está claro lo del nombre de este blog, ¿no?
Por cierto, la foto es de Tenerife, en la carretera que sube hacia el Teide.